Volver a la vida

 

Pasados tres años y dos meses de mi accidente, ha llegado el momento de sentarme a escribir sobre lo que me ocurrió, de cómo lo viví y lo vivo, con la esperanza de que mi experiencia pueda servir de ayuda a todo aquel que la lea.

Con la tranquilidad de ver la recuperación física y psicológica en el horizonte, con la satisfacción de haber recuperado mi vida, con el corazón agradecido a mucha gente, con la ilusión de vivir mi nuevo futuro, es ahora pues, cuando entiendo que puedo contarlo con serenidad y objetividad. Son multitud de situaciones y sensaciones las que se han dado en este periplo, por supuesto la mayoría duras, muy duras, más que duras, que me han puesto a prueba hasta el límite. Cuando creía que ya no podía más, siempre luché; cuando en algún momento parecía que me encontraba solo, aparecía una mano para ofrecerme su ayuda; cuando las lágrimas resbalaban por mi mejilla, aparecía una sonrisa en mi vida. Por tanto, lo que aquí cuento es una experiencia traumática salpicada con grandes momentos de alegría, alegría de vivir, alegría de sentirme querido, alegría por ver mis progresos, alegría por conocer gente maravillosa.

Si llegué al límite nunca lo sabré, porque lo que principalmente aprendí, es que somos capaces de mucho más de lo que nos podemos pensar. Me decían algunos doctores que era un superviviente, y lo sé, pero también sé que mi vida está rodeada de superpersonas por los que siento una tremenda admiración.

Siento admiración por la entereza de mi mujer, y de cómo afrontó en todo momento la situación, cómo organizó nuestro hogar, cómo ejerció de enfermera, de madre, de esposa y de amiga. El accidente lo sufrí yo, pero lo padecieron muchas personas que me querían, ellos también fueron víctimas, y el dolor de corazón al ver su sufrimiento te desgarra por dentro.

Siento admiración por mis hijos, que a una temprana edad (11 y 8 años) mostraron una tremenda madurez, viviendo con naturalidad el nuevo aspecto de mi cuerpo repleto de heridas, vendas y cicatrices, acompañado de una extrema delgadez y de una dependencia total para todo, su padre, el que podía con todo, ahora no podía con nada… tremendo asumir estos cambios en la vida de una persona, pero ahí estaban ellos para dar lo mejor, desde luego un orgullo como padre.

Siento admiración por mi madre, suegra, hermana, sobrina y cuñado, cualquier palabra de agradecimiento sería poco, en todo momento a mi lado, compartiendo muchas noches y días de hospital, ningún reproche, ningún no, ningún mal gesto, al contrario siempre con la mejor de las predisposiciones, gracias a ellos todo ha sido menos difícil.

Siento admiración por los amigos, que no fallaron, a ellos siempre les estaré agradecido… la familia y los amigos, lo mejor de la vida, con ellos lo he logrado.

Siento admiración por los profesionales, que me atendieron y que me siguen atendiendo, maravilloso el equipo de quemados de La Fe en Valencia, y también de los que me cuidaron en París, durante mis primeros diez días después del accidente. Por supuesto, a ellos les debo la vida, ellos me rescataron clínicamente cuando la vida se me escapaba, ellos me mantuvieron unido a la vida, y después me rehabilitaron para disfrutar de la vida.

Siento admiración por la gente que no conocía, y que prestaron su ayuda desinteresada de una forma u otra, este mundo es mejor gracias a personas como ellos.

Todos los grandes quemados tenemos nuestra propia historia dramática, en mi caso fue un accidente de automóvil, no hace falta entrar en muchos detalles, pero si que quiero contar lo que pensé y sentí en el momento más crítico, cuando me encontré atrapado boca abajo,  envuelto en fuego, humo y gritos… Pensé en salir rápidamente, intenté por todos los medios abrir la puerta, romper el cristal, todo esfuerzo era estéril, cada intento en vano, y el primer instinto de supervivencia comenzó a flaquear, llegó un momento en el que el sufrimiento era tal, que era más fácil abandonar, y pensé: ¿y ya está? ¿así se termina todo? Tanto luchar y trabajar para que en un instante todo haya terminado, sin despedirme de nadie, sin un abrazo, sin un te quiero, y entonces, alguien desde fuera ayudó a sacar al conductor, vi luz y me esforcé por alcanzar los asientos delanteros para salir, ¡ya estaba fuera! pero seguía envuelto en llamas, y me tumbé en la carretera para girar sobre mi mismo e intentar apagar el fuego, finalmente y con la ayuda de más personas lo conseguimos. Recuerdo que intenté levantarme y una mano en mi pecho me lo impedía, me miraba a los ojos y con la cabeza me decía que no, me miré y me vi prácticamente desnudo, intenté relajarme, respirar, controlar el dolor y esperar con la vista mirando al cielo azul.

Llegó la doctora y le comenté: “estoy bien, sólo me he quemado” me preguntó el nombre de mi mujer y su teléfono, el número de personas que íbamos en el coche y caí en un sueño de 45 días.

De los cuatro amigos que viajábamos en el coche, dos perdieron la vida, sin duda, lo más triste y duro, una tremenda e irreparable pérdida. El otro superviviente, dejó de ser mi mejor amigo… se convirtió en mi hermano, ambos hemos vuelto a sonreír.

Cuando desperté, no distinguía lo vivido de las pesadillas, pero las personas a las que quería estaban nuevamente a mi lado, y pensé en la recuperación, en volver a disfrutar junto a ellos.

Después de casi cuatro meses de hospital, sin poder salir de la habitación, llegó el momento del alta hospitalaria, y al atravesar la puerta y ver nuevamente la luz del sol, entendí que una nueva vida comenzaba. En silla de ruedas, con las manos prácticamente inútiles, con muchas heridas por cerrar, pero camino hacia casa me sentía ilusionado. Mirando por la ventana del coche, veía como la brisa movía las ramas de los árboles, como la gente caminaba hacia diferentes destinos, un perro jugando y todas las cosas se ven de otra forma.

El tiempo fue mi gran aliado, con grandes momentos de desesperación, pero siempre progresando, lentamente, pero progresando. Pasaron meses hasta poder hacer cosas tan sencillas como bajar y subir una persiana, afeitarme, cepillarme los dientes, etc. Pero cada día había un nuevo reto. Primero dejé la silla de ruedas, después dejé el andador, luego andaba una vuelta a la manzana y más tarde era otra distancia mayor. Las visitas a los médicos se iban distanciando en el tiempo, porque al principio eran constantes las curas y revisiones.

Mi mujer se convirtió en mi sombra, ahí estuvo para todo, con paciencia, cariño, amor, comprensión y mucho sufrimiento también, todo en su justa dosis. Enfermera de día y de noche, compañera las 24 horas, la adversidad nos ha hecho más fuertes y mejores personas.

 

Era un viernes 5 de febrero y estábamos desguazando una empresa de piensos ,eran ya 18:15 mas o menos y tenia que acabar de cortar con el soplete la boca de un silo,como el suelo no era seguro me tuve que atar con un arnes ,hice un agujero con el soplete en un pilar de hierro y me encanche a el, asi si el suelo cedia por el peso de las partes del silo o el pienso yo me quedaría colgando de el pilar y no me caería al vacio, todo iba bien hasta que el silo por el polvo del pienso y acumulacion de gases pego una petarda y hizo una bola de fuego impresionante , la bola de fuego era como casi toda la nave , esto ya me lo han contado mis compañeros por que yo no veía nada solo fuego y fuego , meno mal que llevaba tos los epis puestos que es el equipo de seguridad, llevaba botas un pantalón y encima un mono inifugo, chaqueta de piel especial para el fuego ,guantes grande tipo de soldador que me llegaban hasta el casi el codo,una monja que se pone en la cabeza y tapa el cuello, mascara con filtro de gases y careta para que no me saltaran chipas a la cara, si no fuera por que llevaba todo eso hoy no estaría aquí ,bueno me vi envuelto en fuego notaba como me quemaba las piernas y la cara, mi primera reacción fue salir corriendo y hay es cuando me dio un tiron el arnes y aun lo intente una vez mas , y hay ya pensé que me iba a morir, me estaba quemando vivo, y entonces como pude intente quitarme el arnes , tenia el mosquetón que es por donde se engancha rosca de seguridad y es muy pero muy difícil intentar desenroscar la rosca del mosquetón a la vez que te estas quemando y notando tanto dolor ,oia a mis compañeros gritar mi nombre pero yo no le podía contestar solo quería salir de allí , y siiii consegui quitarme el arnes , y Sali como pude hacia una salida de emergencia que había hecho yo antes agujereando la pared , entonces mire hacia dentro y vi que la botella de propano estaba en el fuego el propano es como el butano pero mas inflamable , y pensé con lo que me a costado salir si no desconecto el propano va explotar y no lo contamos, asi que me meti y desconecte el propano fuy a la salida de emergencia y ya vi a mis compañeros que decían menos mal nos creíamos que no salias, yo les decía llamar al 112 y se acerco un compañero con la grua ya que el agujero estaba a una altura de un segundo piso mas o menos , salte a la grua y de hay al suelo tenia muchísimo dolor cuando baje me tire al suelo y me revolcaba de dolor yo les decía llamar al helicóptero coño que me estoy muriendo, tardo 20 minutos en llegar el samur a mi se me hizo infinito , empezaron a romperme la ropa con tijeras yo les decía por favor ponerme algo para el dolor por favor una vez me quitaron la ropa me sedaron y ya no recuerdo ni el ir en marcha en la ambulancia y asi estuve 20 dias en coma inducido. Cuando desperté por fin vi a mi familia , aunque tuve que esperar a la hora de la visita, por que estaba en críticos , mis hermanos , mi madre y por supuesto mi mujer embarazada, cuanto me ayudaron a mejorar, notaba todos los días que estaba mejor que el dia anterior, pronto Sali de críticos y me pasaron a una habitación , donde mi familia pòdia estar todo el dia , y yo iba recuperándome a pasos agigantados,llevaba casi el 50% del cuerpo quemado ,pero eran ,mas las ganas de salir, de ver a mi hija, de recuperar mi vida, y por fin el 1/4/2016 Sali del hospital me despedi de todo la gente del hospital, que tan bien me habían tratado, y con una sonrisa en la cara iba por los pasillos de la fe , y por fin después de 2 meses veía la luz, y me daba el aire en la cara ,de todo lo que me a pasado solo saco cosas buenas que son muchas, me siento muy afortunado, me e sentido querido a mas no poder, y eso no tiene precio, MUCHISIMAS GRACIAS A TODOS POR VUESTRO APOYO .

 

 

 

És divendres u de maig, Jose ha vingut a dinar a casa, ara marxem cap a Montanejos, està núvol, potser pel camí es pose a ploure.
Anem cap allà, estem a l’altura de Sogorb. Comencen a caure gotes en els vidres del parabrisa, la carretera es va mullant, en una doble corba, el cotxe s’esguilla, se’n va al carril contrari, es queda bolcat lateralment, la meua porta no es pot obrir, toca la carretera. El cotxe de seguida s’encén.

No sé molt bé el que passa, tot està envoltat de flames. Crec que han trencat un vidre, algú m’estira i em trau del cotxe. Primer han tret a Jose i ara m’han tret a mi.
És Avelino, un camioner internacional que s’ha creuat en el nostre camí. Acaba d’arriscar la seua vida per traure’ns d’aquell infern. S’ha cremat un poc les mans.
Camine per la carretera, no sent res, em mire els braços, tots cremats, de color gris, em ve al cap la imatge de la xiqueta cremada per napalm en la guerra de Vietnam.
Unes persones molt amables ens han pujat al seu cotxe, ens porten a una posta sanitària de la Creu Roja que hi ha en la carretera, dec haver-li embrutat tota la tapisseria de sang, ho sent.
Exactament no sé el que m’estan fent, el personal sanitari està alterat, pareix que el que tinc és molt greu. Em posen un goter amb morfina perquè no tinga tant de dolor, en una ambulància em porten cap a l’Hospital La Fe de València.
Estic amoïnada, a la setmana que ve havia d’anar a Itàlia per feina, però em pareix que açò que m’ha passat, anirà per a llarg. No podré anar a Como.
Em demanen el telèfon dels meus pares per avisar-los, tinc dubtes, no sé per què dubte. S’enduran un disgust molt gran quan ho sàpiguen, però ho han de saber.

M’han sedat, ara estic en la unitat de cures intensives, escolte veus, s’arrima gent, sempre estan pendents de mi, em manipulen, em fan coses, dec estar connectada a alguna màquina. Em costa respirar, crec que m’han posat alguna cosa que m’ajuda, és una mascara de respiració assistida.
De tant en tant, les aromes em tele-transporten, pareix que estiga en uns grans magatzems on se m’arrimen les dependentes (són el personal sanitari que m’està atenent), que van perfumades, molt arreglades, em deixen una aroma de crema, perfum el que siga, que m’agrada, em distrau, ho agraïsc perquè la major part de les olors que percep ací, són de medicaments i productes sanitaris que no m’agraden gens.
Ja no sé, si ho somie o ho estic vivint, tinc moments de lucidesa i altres on visc coses molt estrambòtiques, em resulta tot tan real que ja no ho sé distingir.
Em sent com si estiguera de viatge. Dalt en el sostre veig l’eixida de l’aire condicionat. Estic en un tren? Cap on vaig? Cap on em porten?
Fa molta calor, com si estiguera en un desert abrasador, vull tornar a casa, no sé on estic. Note com m’agafen i em van transportant en la llitera d’ací cap allà, escolte aparells que emeten pítids.
Ara han posat música clàssica, m’agrada, voldria que en posaren més vegades i en més ocasions.

Escolte la veu de ma mare, això vol dir que està ací, amb mi.

-On estic? Mamà quines ganes tenia de veure’t-.

Quasi no puc parlar, però pareix que ara ja no estic en un somni. Estic gitada, veig que estic en un hospital, ple d’aparells, personal sanitari i ma mare, com l’he trobat a faltar… m’he trobat, molt assoles. No tinc força en la veu però aconseguisc dir-li:

-El papà s’ha mort? On està?-

-No és mort filla, no sé d’on t’has tret això, ell està fora, ací no podem entrar més d’una persona. Després el veuràs, imagine que ho hauràs somiat. Que ganes tenia de veure’t desperta. Que mal ho hem passat, has estat molt malalta. Ja fa un mes que estàs ingressada ací, per fi has eixit del perill, ara et canviaran d’habitació i et portaran a un altre lloc.
Em porten al pavelló de grans cremats, estic aïllada en un box, el perill d’infecció és alt.
Estic en un llit d’aire, la sensació és una mica estranya. M’expliquen que dins hi ha micro esferes de porcellana, a l’estar surant i no estar en contacte amb el llit, no es produiran escares, facilitarà què em puga recuperar millor. Són cremades de tercer grau en cul i esquena, si les ferides estigueren en contacte amb la superfície sòlida, tardarien molt més a curar-se. M’han dit que tinc el 50% cremat, com estic tota embenada no sé exactament el que tinc.
Vaig coincidint amb infermeres realment amables, sense elles açò seria molt més dur. Maribel, es una infermera que està a punt de jubilar-se, és dolça com la mel, sap com m’ha d’agafar, quan em porten a la banyera metàl·lica on em fan les cures, em tracta amb afecte i estima, això és molt d’agrair. En les cures he viscut moments d’un dolor tan insuportable que quasi no em quedaven forces ni per respirar.
Sóc afortunada d’haver coincidit amb bona gent, les infermeres Teresa, Pepa, Fèlix em distrau parlar amb elles, em sent ben tractada i la llarga estança es fa més lleugera.
La meua cirurgiana la Doctora Rodriguez és seriosa, però em transmet molta confiança, crec que és molt bona professional.
El millor que em passa cada dia són les visites, les espere impacient, venen a les 14 de la vesprada. Em miren des d’una finestra, em parlen per un telèfon com si estiguérem en la presó, així i tot, encara que està la distància física, jo els sent propers. Han deixat les seues coses per vindre a fer-me companyia. Que dur seria sentir-se sola en aquests moments. Els meus pares venen cada dia, la meua germana, les meues amigues i amics venen quan poden.
Em van fent intervencions quirúrgiques, els empelts van agafant, col·labore i faig tot el que em diuen.

Dins del mal, em considere una persona amb sort. Sóc una sobrevivent, el que m’ha passat trobe que és molt excepcional.
Sort que Avelino ens va traure del cotxe, sort d’estar en un país avançat on la seguretat social és per a totes les persones, sort d’estar en un hospital on hi ha gent molt qualificada i sort de sentir-me estimada perquè la gent em ve a visitar o sent que estan pendents de mi.

Ja ha passat un mes, totes les intervencions han eixit bé i és hora de marxar cap a casa. Em caldran més intervencions però la part grossa ja l’han fet.
Les cremades de tercer grau són molt aparatoses, així i tot, jo estic en una mena d’eufòria per haver sobreviscut. No em dóna gens de vergonya passejar pel carrer i que la gent es quede mirant. Mai passe desapercebuda, però no em molesta. El que si trobe insuportable, és la indiscreció de les persones. Aquestes que no em coneixen de res i s’atreveixen a preguntar-me «que m’ha passat». No m’importa contar-ho, però tantes vegades….i a gent que no conec. Per què?
M’han dit que ja puc començar a fer rehabilitació, tinc l’esperança, de tornar a tindre autonomia, ara sóc totalment depenent. No puc ni dutxar-me sola, les retraccions dels braços m’ho impedeixen.
Les fèrules de plàstic dur amb ferros em resulten una tortura, les porte en períodes de temps curt, són insuportables. Els guants, les mànigues i la mascara de pressoteràpia m’agraden, em senten bé.
Ara que ja no tinc ferides, m’han dit que puc començar a treballar la mobilitat dels dits i els braços. Quique és molt bon fisioterapeuta, m’agrada, encara que em fa mal, note que vaig avançant.
Els massatges de limfa-drenatge de Jose em resulten gratificants. Les millores en la regeneració de la meua pell són evidents.
L’àloe vera ara que ja no tinc ferides em calma moltíssim, gràcies a ell he anat perdent la vermellor de la pell.
Estic bé, però crec que m’anirà bé anar a sessions amb psicòloga. En la flor de la vida (28 anys) he viscut un gran trauma i mai serà res com abans. Així i tot, jo em trobe bé, però reconec que el camí serà molt diferent del que haguera caminat, si no haguera patit aquest accident.
Llegir el llibre de Marta ha sigut una de les millors coses que m’ha passat, gràcies a ella veig que hi ha un després.
Gràcies a tothom per haver estat ací quan més us he necessitat.